Cuidados de la piel durante el verano

No tiene solamente que ver con el sol, también el viento y el frío tienen consecuencias en nuestra piel.

Un tema recurrente en esta época del año es el cuidado de la piel y los consejos para evitar daños por la exposición al sol, sin embargo, en estos meses de transición con vientos y temperaturas atípicas también es importante seguir consejos y saber cómo afectan estas condiciones climáticas la salud de nuestra piel.

Empecemos por lo tradicional, estamos en días para disfrutar del sol, actividades al aire libre, la playa y paseos que, en el periodo de verano, traen también la fotoexposición y el fotodaño causado por el Sol; por ello nunca está demás conocer y recordar los cuidados de nuestra piel antes, durante y posterior a la fotoexposición.

En el verano al haber una mayor fotoexposición, existe mayor riesgo de aparición de manchas (lentigos solares), queratosis seborreicas, queratosis actínicas (lesiones premalignas) y en el peor de los casos la formación de cáncer de piel en cualquiera de sus estirpes (Basocelular – Epidermoide – Melanoma).

Así como nos exponemos al sol, la piel activa automáticamente sus mecanismos de defensa para protegernos, como la sudoración y a mayor fotoexposición, la piel va a realizar pérdida de líquidos y electrolitos los cuales debemos reponer con la rehidratación, es decir tomar más cantidades de agua para cuidar la piel de adentro hacia afuera.

Algunos consejos para que puedan disfrutar con mayor seguridad de este y todos los veranos:

Exposición al sol

  Tener cuidado con la fotoexposición a cualquier hora del día sin importar que el cielo esté nublado. Tenemos que ser más precavidos en las planicies y zonas costeras donde los rayos solares inciden más perpendicularmente, ser más estrictos en las horas de exposición solar y evitarla entre las 9 am y las 3 pm.


Protección solar

    Debemos utilizar un bloqueador solar dermatológico idealmente, con un factor de protección solar mínimo de 15 y aplicarlo de 30 a 45 minutos antes de iniciarse la exposición al Sol. La mayoría de las personas lo aplican solo minutos antes de exponerse al sol o de estar en la playa o piscina, sin dar oportunidad a que el producto se absorba y en algunos casos eliminándolo de inmediato al tener contacto con el mar o la piscina.

El bloqueador solar debe ser de amplio espectro (contra luz ultravioleta A y B) y entre otras características que se deben elegir a gusto de cada persona; es decir con algún color o transparentes, oleosos o mate y en algunos casos resistentes al agua para cuando se va a nadar o realizar actividad física. Por último, es importante la replicación del bloqueador solar, la que debe realizarse cada 3 horas en condiciones normales y cada 80 minutos si se realiza actividad física, ya que los bloqueadores son eliminados más rápidamente por el sudor y el agua.

Medidas protectoras

   En el mercado contamos con medidas protectoras especiales, por ejemplo, se recomienda el uso de mangas o ropa de licra las cuales son impregnadas con filtro solar; además éstas una vez que se mojan en el mar o la piscina nos van a mantener frescos. También tenemos los anteojos con protección UV, se recomienda además el uso de sombreros con un ala de al menos 10 cm que ayude a cubrir orejas y cuello, estos tienen ventajas sobre las gorras las cuales sólo dan una protección parcial.


Rehidratación

    Así como perdemos durante el día agua y electrolitos es recomendable realizar simultánea y posteriormente la rehidratación para reponer las pérdidas y evitar así un golpe de calor.

Humectación de la piel

    La fotoexposición en altas concentraciones produce resequedad o eccema, enrojecimiento y en el peor de los casos hasta la formación de ampollas, una de las maneras para recuperar nuestra piel es la utilización de cremas humectantes como puede ser la urea al 10 % la cual devuelve las propiedades elásticas y revitaliza la piel que se ha dañado.

Alimentación

Respecto a la alimentación, debemos reducir el consumo de carnes y aumentar el consumo de frutas y verduras ricos en vitamina A, C y E.

  • Vitamina A estimula los procesos de reparación de tejidos dañados, es antioxidante natural y frena el proceso de envejecimiento. Por ejemplo, melocotones, papaya, mango, mandarina, naranja y plátano.

  • Vitamina C la cual posee importantes efectos antienvejecimiento. Kiwi, fresas, brócoli, pimiento rojo y verde, tomates, espinaca, y los jugos de guayaba, toronja, naranja y limón.

  • Vitamina E la cual previene la degeneración celular y ayuda en el proceso de regeneración. Almendras, semillas, espinaca, aguacate, brócoli, papaya, aceitunas.

Ahora vamos con la contraparte, el frío y los vientos.

El frío causa vasoconstricción en los capilares de la piel, esto provoca que los capilares se contraigan y por ello se disminuya la irrigación, como consecuencia la falta de oxígeno y nutrientes a las células de la epidermis hace que la piel luzca con un aspecto apagado.

También el frío provoca un retraso en la renovación celular y al acumular células muertas, la piel se ve reseca y se siente tensa, sin elasticidad ni brillo natural, volviéndola más sensible.
También es común ver pieles enrojecidas, tanto por el viento y el frío como por que solamos olvidar el uso de protector al percibir temperaturas bajas en el ambiente, labios resecos y mejillas o narices rojas son comunes por esta causa.

Lo ideal en este caso es no abandonar el uso de bloqueador, pero además acompañarlo con productos como sueros, cremas hidratantes y protectores labiales.

Las pieles más secas, finas y claras suelen ser más propensas al enrojecimiento cutáneo ya que tienen menos glándulas sebáceas y, por lo tanto, la barrera protectora de la piel debilitada.

Recordemos que el calor dilata los capilares, el frío los retrae. Al debilitarse se vuelven más permeables y esto puede causar cuperos visibles en la superficie de la piel causando una condición conocida como cuperosis, que consiste en pequeñas dilataciones de los vasos capilares, situados en la superficie de la dermis. Los vasos serán más o menos grandes y de colores que van del rojo vivo al violeta azulado. En la mayoría de los casos, la aparición es lenta y progresiva.
Prevengamos con buenos productos para protección solar, hidratantes y productos que mantengan la piel humectada en los casos de mayor sensibilidad al frio o en las zonas en las que se perciban menores temperaturas.

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